Las jirafas con las jirafas

jirafas

¿Alguna vez has sentido la decepción al descubrir que los príncipes también pueden convertirse en sapos?

¿Alguna vez creíste haber encontrado a la mujer de tus sueños y de pronto se volvió una pesadilla?

Si se ha respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas, seguramente también se han experimentado síntomas tales como: diluvio en los ojos, acoso en todas las redes sociales, hackeo de cuentas de correo, compulsión de mirar el celular o poseer un celular hechizado (donde uno asegura haberlo escuchado sonar, ve la luz parpadear o incluso llega a sentirlo vibrar aún cuando éste se encuentra en absoluto reposo), insomnio debido a los síntomas anteriores y abundante confusión unida a la constante interrogativa de “¿qué hice mal?”

Si te has descubierto protagonizando una relación donde cada vez que enciendes la televisión una novela parece haberse robado el guión de tu vida y te preguntas ¿por qué otra vez? he aquí la respuesta.

Algunas relaciones pasionales hornean una mezcla de romance y drama que dan como resultado un delicioso y adictivo pastel. Cada pedacito nos regala la increíble sensación de estar vivos. Nos deleitamos con esas descargas de adrenalina que pasean en nuestro interior y que a veces comparamos con mariposas en vuelo y otras veces con salmonela.

Cuando estas relaciones bipolares se encuentran en estado de euforia, nos inundan con una sensación de bienestar, suspiros y placer que hasta los protagonistas de los cuentos de hadas envidian. Como todo, este sentimiento también es temporal. Al pasar al polo contrario nos sentimos tan vivos pero tan infelices que nuestros pensamientos oscilan entre morir y matar.

El sabor agridulce que deja este pastel en nuestros paladares, junto con el subibaja emocional, nos mantiene activos, creativos, dinámicos, despiertos, en movimiento, nos devuelve la gran imaginación infantil que habíamos olvidado años atrás; nos mantiene ocupados, pensando, espiando, creando historias y guiones de telenovela; en resumen, nos hace sentir vivos; por lo tanto, cuando esa relación termina, nos aleja de esos pedacitos colmados de felicidad dolorosa y sentimos que algo en nosotros ha muerto.

Es mucho más fácil juzgar que ha sido el otro quien se ha comportado mal y odiarle por no querernos como nosotros hubiéramos querido, pero hay que tener cuidado con esos sentimientos de superioridad que no nos dejan evolucionar. En cambio, responsabilizarnos de nuestras acciones y nuestros sentimientos nos da el control de nuestras vida déjando a un lado a las “pobres víctimas” y dándonos oportunidad de madurar.

Aunque nos cueste reconocerlo, somos nosotros quienes escogemos a nuestras parejas y aunque culpemos al otro y señalemos sus defectos, hay que aceptar que no vemos por ahí a una jirafa enamorada de un conejo, ni de un gallo o de una hormiga. Las jirafas se entienden mejor con las jirafas.

Si tus sueños dorados se han vuelto hoy una pesadilla, te invito a que dejes de culpar al otro y reflexiones tomando responsabilidad de ti. Cuando percibas que algo está mal afuera, cuando veas defectos sólo del otro lado, búscalos en ti y usa esas herramientas para evolucionar, conviértete en la pareja que tú quisieras tener. Una persona sana siempre encontrará relaciones sanas… una jirafa siempre encontrara otra jirafa.

Aprovechemos los primeros momentos del día para diseñar nuestras vidas, para ponerla en equilibrio, dejar atrás los rencores pues el pasado ya no existe y sanar.

Reinventate, llénate de vida, sánate, ámate y después comparte tu amor.

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