Tu nariz: el escondite de la felicidad

Según el psicólogo Abraham Maslow, las “experiencias cumbre” son aquellas que representan los momentos de mayor felicidad en nuestra vida. Esos momentos que van más allá de todo lo que conocemos y nos hacen alcanzar la euforia sintiéndonos completos por un momento.

Todos hemos experimentado alguna vez la sensación de estar en la cima del mundo y queremos permanecer siempre ahí. Tal vez fue al conseguir aquello que siempre deseamos, cuando visitamos aquella ciudad de ensueño, cuando dimos el “sí” o tal vez al dar a luz a un pequeño ser humano. Esa sensación de euforia la vivimos de tal manera porque la felicidad y el crecimiento lo alcanzamos mientras escalábamos y se fue cuando nos quedamos quietos.

En las relaciones de pareja entre más experiencias cumbres vivimos con nuestra “media naranja”, más nos gusta pasar tiempo a su lado; curiosa ironía, pues entre más tiempo pasamos a su lado, menos experiencias cumbres vivenciamos día a día.

Lo más curioso de dichas experiencias es que las buscamos con fervor y en todo momento, pero no son éstas las que nos mantienen felices, de hecho, son tan pasajeras que la sensación de euforia dura pocos días. Pasada la experiencia, caemos desde la más alta cima y sin paracaídas al darnos cuenta que nuestro entorno no ha cambiado. Aún habiendo ganado millones en la lotería, nuestra suegra sigue siendo insoportable, el vecino no ha dejado de molestar ni nuestra pareja ha logrado comprendernos.

El truco es entender que la felicidad NO es un estado de ánimo, es un modo de vida y el secreto para llegar a ella es muy simple: debemos comprender que la felicidad no está en las cosas que tenemos o logramos, por lo mismo, para alcanzarla debemos encontrar un equilibrio en nuestra vida aceptando las cosas tal y como son. El estar constantemente satisfecho trae consigo una felicidad más real y duradera que el subibaja entre los cambios de una a otra cima.

Durante siglos nuestra cultura nos ha alentado a no tolerar la simple satisfacción y buscar experiencias cumbre en todo momento, pues sólo obteniendo “equis” producto seremos plenamente felices, pero ¿por qué seguimos buscando la felicidad entonces? ¿No será que lo que más buscamos siempre está enfrente de nuestras narices?

La felicidad no es la meta, es el camino.

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